Público presente, me gustaría iniciar mi intervención con una pregunta, ¿La condición sexual es una decisión personal?... Ciertamente no, entonces, ¿Es justo que se coarte a las minorías sexuales a contraer matrimonio bajo las leyes tradicionales, sólo porque éstas no los contemplan?.
Si bien la ley estipula al matrimonio como un acto entre heterosexuales, lo que necesitamos no es una ley que apruebe el matrimonio entre homosexuales, sino una reforma a la ya existente, teniendo en cuenta que el Artículo Nº1 de la Constitución política de Chile expresa claramente, que las personas nacen libre e iguales en dignidad y derechos y que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad.
El legislador no puede olvidar que el pilar fundamental sobre el que se asienta el conjunto de derechos fundamentales y libertades públicas reconocidos en la constitución es la “Dignidad de la persona”. Los derechos que son inherentes a la misma y el libre desarrollo de la personalidad. El respeto a la dignidad obliga a los poderes públicos a remover los obstáculos que existen para el reconocimiento de la dignidad homosexual.
Aceptemos que los homosexuales son seres humanos, personas, ciudadanos de países democráticos (como es el caso de Chile) y tienen o deberían tener por encima de cualquier prejuicio religioso, moral, político o social los mismos derechos y obligaciones que los heterosexuales.
Esta dignidad exige que las mujeres y hombres homosexuales puedan ejercitar no sólo el derecho a contraer matrimonio, sino también todos los efectos legales que son propios de ésta institución y en condición de igualdad, o sea pensiones, herencias, nacionalidad, etc.
Ustedes mismos; De colocarse en condiciones en las cuales no fueran contemplados por las leyes, ¿No aclamarían igualdad en una república democrática?. Entonces, saquémonos esa idea morbosa, y pacata que nos habla de un posible libertinaje y una desvirtuación a la moral, cuando en verdad sólo estamos hablando de otras formas de amar.
Ahora bien, si el matrimonio en lo esencial (Además, del cariño y el amor) es vivir juntos y ayudarse mutuamente, y estas dos condiciones se pueden dar y se dan entre parejas homosexuales, entonces, ¿Qué nos mantiene en ese pensamiento retrogrado con argumentos infundados que nos hablan de un supuesto quiebre a la moralidad, cuando socialmente aceptamos la existencia de prostibulos?.
Señores del jurado, amigos de la contraparte, público presente; no permitir el matrimonio entre homosexuales es cegarnos a la realidad, es intolerancia, es pretender tapar el sol con un dedo, es incluso una aberración natural. Y no estamos hablando de un tema contemporáneo nacido en la década de los 80’s, sino por el contrario de una realidad existente e innegable a lo largo de la historia de la humanidad.
Y permítanme acuñar las asertivas palabras del presidente español José Luis Rodríguez Zapatero al destacar que la aprobación de ésta ley "es un estricto cumplimiento de un compromiso electoral para construir un país más decente porque una sociedad decente es la que no humilla a sus miembros", señalando incluso que la victoria de la reivindicación homosexual “nos hace mejores a todos”.
En síntesis, lo que necesitamos es crear una cultura generalizada de aceptación y tolerancia, que nos permita avanzar hacia un convivir más igualitario, donde el respeto a la integridad y la libre expresión no sea sólo un ideal, sino una realidad que ahorre sufrimientos inútiles de seres humanos.
¡Muchas gracias!
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